cabeza de gorila by jorge de cascante

Cabeza de gorila

Tenía trece años cuando invité a María a mi cumpleaños. Estaba enamorado de ella, pero no se lo había dicho. María tenía el pelo largo y siempre hablaba a gritos, sobre todo cuando discutía en clase sobre el efecto invernadero, que era su tema favorito. Yo no entendía lo que era el efecto invernadero, pero disimulaba. Escribía la palabra MARÍA en mi diario todos los días, dibujando un corazón al lado; me parecía difícil llamar su atención escribiendo su nombre en un cuadernito que no le enseñaba absolutamente a nadie, pero no perdía nada por intentarlo. Antes de que acabara el curso, organicé mi fiesta de cumpleaños en el Pizza Queen del centro comercial Arribas Norte, que estaba al lado de un parque de atracciones abandonado, y decidí invitar a tres amigos míos, a mi primo Roberto (me obligó mi madre) y a María. No había hablado con ella jamás, pero la invité a mi cumpleaños. Y la tía vino. Me regaló una billetera del Rayo Vallecano y un jabón que cuando lo echababas al agua hacía burbujas de colores. Saludó a mi primo y mi primo le dijo que hace muchos millones de años todo el agua del planeta era pis. Luego supe que no era verdad. En la tele del Pizza Queen echaban un documental sobre gorriones en el que decían que los gorriones tenían una característica principal y era su atrevimiento, eran muy lanzados y se atrevían con todo, por eso habían prosperado tanto en el mundo de las aves. Yo miraba a María y me decía que tenía que lanzarme y decirle algo, igual que los gorriones, pero no le dije nada. No hice nada. Nunca he hecho nada en toda mi vida, siempre he dejado pasar el metraje a doble velocidad y el mundo ha seguido girando sin mí, es increíble que aún no me haya muerto. Quizá estoy muerto. Era una tarde de abril y llovía un poco, por la mañana E.T.A. había intentado matar a José María Aznar. Seguimos comiendo pizza durante un rato y luego María y mi primo Roberto se colaron en el parque de atracciones abandonado y se estuvieron besando dentro de una cabeza de gorila enorme —de plástico— durante diez minutos.

Tenía treinta y un años cuando volví a ver a María. Sucedió en el funeral de un amigo del colegio. Me presenté y se acordaba de mí, estuvimos hablando sobre la película Marathon Man porque ese mismo día regalaban el DVD con el periódico. Ella iba con su marido y su hijo, que por algún motivo iba vestido de tirolés. Su marido, contra todo pronóstico, no era mi primo Roberto, sino un señor de cincuenta años que tenía un concesionario de coches. Empezaron a discutir porque el marido quería irse a casa para ver la Fórmula 1 y ella le decía que por favor tuviera un poco de respeto. ¡Si alguien sabe de respeto creo que soy yo!, gritó el señor del concesionario. Se hizo el silencio. El niño me acercó un papel con un dibujo y dijo Un elefante para ti, pero el dibujo no se parecía ni de lejos a un elefante. El niño no sabe pintar, quise decir, imitando la voz de Laurence Olivier. Pero no dije nada, me quedé calladísimo. A ninguno de los que estábamos en ese funeral nos habían salido las cosas como queríamos.

 

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Jorge´s writing reminds me of my favourite lemon ice cream and of my grand mother´s butter sandwiches for merienda and bike races with my friends and blood and dust in my knees and “chuches” from the corner kiosk after school once a week cause my grandad came to pick me up.

Jorge shares his childhood memories with us “desde Aqui Y Ahora” from time to time.

Gracias siempre Jorge.